El Kebnekaise es la montaña más alta de Suecia y de Laponia. Su parte somital posee dos cumbres, la sur y la norte. Históricamente la sur ha sido siempre la más alta (2111m frente a 2094m), pero el cambio climático ha hecho que la gran cúpula glaciar que la cubría, haya adelgazado algunos metros, otorgando el privilegio de ser la más alta a la norte, aunque bastantes mapas aun no lo tienen del todo claro, y hay especialistas que aseguran que dependiendo de la nivología del año, sigue siendo la cumbre sur la más alta.
Lo que no cambia, es el aislamiento de la montaña por tierra, porque obliga a hacer como mínimo aproximaciones de 20kilómetros a pie hasta su base. Desde Nikkaluokta son casi cinco horas de pateada con mochilón cruzando bosques, tundras y zonas empantanadas, aunque existe la posibilidad de contratar un helicóptero-taxi hasta la Estación de montaña de Kebnekaise,o recortar cinco de los diecinueve kilómetros de aproximación haciendo uso de una barca a motor... En mi caso, tras cinco horas de porteo hasta la Estación, decidiré subir a vivaquear con el mochilón a la parte alta de la montaña.
Tolpagorni (1662m) y Vierranvárri (1722m), al sur del propio Kebnekaise, son quizás las montañas más fotografiadas de Suecia por su belleza, y justo en el circo debajo de ellas, me cruzaré con los grupos de clientes con guía que vienen de la cima porque el día ha sido uno de los de mejor climatología de las últimas semanas. Una ascensión guiada desde la Estación suele llevar unas 10-12 horas contando con el descenso, y me los encuentro aun altos a las 6 de la tarde. Por lo visto, desde este circo existe la posibilidad de escalar a cima por una variante directa tipo ferrata, pero no lo sabré en el momento y enfilaré la normal que da más vuelta con la ascensión y el descenso de Vierranvárri (1722m), que encontraré nevado y helado en el descenso de su vertiente norte. A mi izquierda, en el cuello entre Vierranvárri y Kebnekaise, llega desde el oeste la ruta de ascensión que usó el gran José Mijares y su perro Lonchas en 2012, como colofón a su gran travesía de 67 días invernal de Laponia (1200 kms desde la ciudad rusa de Múrmansk).
Más arriba, tras 200 metros de desnivel preciosos viendo el atardecer, y más solo que la una, llegaré a la primera cabaña de emergencia de las dos que hay a cima, y que se encuentra a 1900 metros de altitud, y decidiré hacer vivac en ella porque al raso hace bastante frío. En realidad son cuatro paredes de madera desangeladas y hay un montón de suciedad. Afuera, el viento y las nubes grises lo invaden todo. Una cena rápida y al saco a quitar la tiritona... Por una noche seré el ser humano a más altura de toda Laponia y dormiré de un tirón jiji.
A la mañana siguiente esperaré a la salida del sol porque la sensación térmica al amanecer es de diez grados bajo cero y la visibilidad es nula. El sol despejará parte de la nubosidad y disfrutaré de unos grandes juegos de luces sobre la nieve y los cortados orientales del macizo en mis primeros pasos hacia arriba, sin embargo volverá a nublarse en el tramo final a la cima sur y no disfrutaré desde ella de ninguna vista. Aun asi me sentiré muy a gusto sobre los hombros y la cabeza de Lappland. Los lugares asi de apartados son un maldito disfrute. En el descenso me encontraré a los primeros ascensionistas del día muy abajo todavía, en el circo bajo las cumbres. El tiempo va a peor y muchos se sorprenden en inglés de que yo ya baje de la cumbre. "I've slept near the summit", digo una y otra vez. Un sueco de mediana edad me dice si he practicado "chiki-chiki" durante la noche para no pasar frío, y un grupo de suecas muy simpáticas me dicen que tienen envidia en cuanto se pone a llover... El tiempo estará revuelto un par de horas o tres, pero a mediodía despejará mientras voy desandando el camino a la Estación de montaña y luego a Nikkaluokta. Por contra, un helicóptero subirá a practicar un rescate a la ruta normal del Kebnekaise porque ha habido un resbalón en la norte del Vierranvárri....
Llegaré a Nikkaluokta más pronto de lo pensado, feliz por los 60 kilómetros y casi 2400m+ con mochilón metidos en 30 horas, de tundra, taiga, pantanos, rocas, nieve y glaciar. Qué gozada. En el parking junto al refugio me espera mi pequeño coche eléctrico, que con los asientos traseros reclinados, me ofrece calor y terciopelo en mis otros vivacs lapones.



































