Es difícil encontrar molinos restaurados tras el
abandono de su actividad en el siglo pasado. He aprovechado las últimas nevadas
para fotografiarlos con nieve, me parecen pintorescos y bellos y nos invitan a
viajar a otras épocas. Parece que aún se oyen por los caminos las carretas y las
mulas, el polvo, el trajín de los sacos, la ida con el grano y la vuelta con la
harina. Cada vez más, lo pueblos son conscientes de su patrimonio y deciden
arreglarlos para que sobrevivan al recuerdo.
Os presento varios molinos de Araba en el entorno de
Vitoria-Gasteiz: Apodaka, Markina, Foronda, Mártioda, Ullíbarri de los Olleros,
y Yurre.
Hay molinos donde encontramos fácilmente la presa o
acequia que desvía el agua y también el canal de piedra que lo conduce hasta el
molino. A veces es el rio que llega directamente al molino con una compuerta
que regula el caudal y nivel de agua.
Los
molinos de rio emplean la fuerza del agua para poder moler. Es sencillo y complicado a la vez: primero el agua
tiene que ser desviada del curso natural del río para conseguir un caudal
controlable. Los ríos con poco caudal represaban el agua para obtener la
cantidad suficiente antes de ser conducida por el canal para mover el molino y agua
pasa por una especie de reja o gradicela que sirve para colar el agua y así
quedar libre de palos o de otros objetos que puedan estropear el molino.
Dentro aún conservan muchos de ellos las piedras de
moler solera y volandera o corredera que es la superior y gira sobre la solera
y la tolva para el grano y canaleja porque regula la caída para tener que la
fuerza del agua triture el cereal en harina.


