domingo, 12 de julio de 2026

Relato: En busca de la visión en la montaña.

 

Participante en el Concurso de relatos en el Centenario de la Revista Pyrenaica 1926-2026.

En una época postapocalíptica, tras el gran apagón y colapso eléctrico: la raza blanca se extinguió y sólo sobrevivieron los llamados mestizos o indígenas, razas que provenían de tribus milenarias y aún conservaban la memoria, la sabiduría ancestral y su conexión original con la Madre Tierra. Los blancos dejaron de mirar a las estrellas, escuchar el viento, adivinar con piedras y huesos, no entendían la lluvia ni el ritmo de las estaciones ni las fases de la luna por eso no se adaptaron a la nueva Era. Los mestizos abandonaron las ciudades y volvieron a ocupar sus aldeas en bosques y selvas y vivir como sus ancestros.

Cada año las tribus enviaban a participar a “La Carrera del Guía Maestro” al mejor muchacho que hubiera superado y recorrido las sendas del Guerrero, Sanador y Visionario. Sólo les quedaba recorrer la senda del Maestro y que guiarían en un futuro a su comunidad con justicia y discernimiento. Eran excelentes exploradores, cazadores, rastreadores y dominaban el arte del respeto a la Madre Tierra. Conocían los sonidos de los animales salvajes: el puma, el jaguar, la serpiente y los antídotos en mordeduras y venenos.

Ki-pui era uno de esos muchachos. Nació como niño arcoiris con el ADN Cristal y luz dorada. Había desarrollado su Glándula Pineal y su conexión toroide con el Universo y la Madre Tierra. Se guiaba por las energías telúricas y las estrellas. Había recuperado todo lo que las razas anteriores perdieron miles de años atrás. Sus sentidos eran los originales, estaban despiertos y afinados.

Ki-pui llegó con su vestuario minimalista: sandalias, una manta en la cintura, cantimplora de piel, un pequeño hacha y su bolsa medicina con salvia, romero y cristales de cuarzo.

La Carrera del Guía Maestro era una prueba de iniciación, un rito de paso: consistía en recorrer 150 km en un máximo de 4 días y en un hábitat elegido por el Consejo de Ancianos. No se trataba de llegar el primero, todos podían conseguirlo. No sólo se valoraba finalizarla, sino el aprendizaje de virtudes en esa experiencia que sólo un Maestro podría conseguir desde la soledad y supervivencia en la naturaleza. A pesar de ser muchachos despiertos no todos lo conseguían, debía haber belleza en sus cualidades humanas.

Los Ancianos se pronunciaron sobre el lugar elegido para la prueba: -“El desierto”.

Entre los participantes hubo confusión y dudas. Todos provenían de las selvas del norte con las riquezas de sus bosques y animales que lo habitaban. ¿El desierto? Nadie vive allí: es salvaje, sin rios ni arroyos, sin límites, una tierra sin voz ni belleza, reseca, áspera, pobre, silenciosa, mutilada, sin frutos, ni hierba, ni manantiales, ni árboles, desesperante…Nadie lo habitaba, nadie elige esa dirección. No hay senderos de agua ni pisadas de animales que seguir...¿Cómo orientarse con tanto horizonte? Algunos decidieron desertar de la prueba ante un posible fracaso.

Ki-pui también dudó: - “Una tierra sin domar, quemada, polvorienta, seca y con cicatrices..!”. Entonces pensó en trabajar su primera virtud: CONFIANZA en él y en la Madre Tierra. Él no estaba solo, llevaba sus guias y animales de poder, tenía a las estrellas, el sol, la luna, las 4 direcciones y sostenido por Madre Tierra: ellos le guiarían. Llevaba su canción y su danza medicina.

Otra virtud que sintió en su corazón fue el COMPROMISO con su comunidad: habían puesto las esperanzas en él como futuro Maestro, Chamán, guía de la tribu. No iba a decepcionarles.

Cuando se trasladaron al desierto y al empezar la carrera Ki-pui sólo tenía un pensamiento en su mente: “el agua”. En su territorio los rios corrían frescos y limpios y bebían de sus aguas transparentes. Los bosques húmedos guardaban el rocío de la mañana en sus hojas y bebían de ellas. No había nada que amar en el desierto en un paisaje tan monótono, sólo tenía un silencio que encerraba secretos y él desconocía. Así aprendió la tercera virtud: LA HUMILDAD.

Esa ruta sin agua no podría ser exitosa y sentía que estaba alejada de la ruta trazada, que  debía retroceder para llenar su cantimplora. Comenzó a andar en dirección contraria a su destino, los Ancianos le indicaron de nuevo la ruta. Ki-pui se sintonizó con sus sentidos: su instinto y sensaciones corporales le llevaba donde ensalivaba o sentir el agua en su vejiga, eso era una respuesta para él conocida. Caminó muchos kilómetros en dirección opuesta y estaba fatigado por el sol y la sed. Se acordaba de su aldea y cómo recorría los bosques y mastica hierbabuena y menta.

El aire cálido resecaba su cuerpo y su respiración. Abrió su bolsa medicina y cogió las puntas de cuarzo para amplificar la señal del agua. Encontró dos palos los cortó del mismo tamaño como un zahorí para concentrarse en la dirección acertada del agua y siguió caminando. El paisaje empezó a desorientarle tan lleno y tan vacío a la vez, mismo color, mismas texturas, mismo olor...Se miraba hacia dentro y era paisaje, se había mimetizado con la arena y las dunas. Él era él con el paisaje, dentro y fuera. Estaba cansado de esas infinitas posibilidades que no sabía aprovechar. Sintió un movimiento de los palos que ese cruzaron, él seguía una línea telúrica de un sendero muy antiguo, quizá milenario, nómadas de habitantes del desierto. Podía oir su canción, una melodía que aún resonaba lejana. Allí paró y pasaría la noche. Se tumbó sobre la pequeña manta que llevaba y puso la mano en su corazón:- “Madre Tierra, ayúdame en esta misión, desconozco este lugar.  Tú serás mis ojos y mis oidos.” Y la petición se la entregó la Universo… Se quedó dormido. Había aprendido su cuarta virtud: LA RENDICIÓN.

A la mañana siguiente sintió un cosquilleo en su espalda, pensó que serían alacranes mordisqueándole y se levantó de un impulso. Tenía la espalda mojada y la manta húmeda, no era sudor. Excavó como pudo con sus manos y allí mismo brotó el agua que rezumaba limpia. - “Madre Tierra, gracias por este regalo…!” estaba eufórico, estas pistas invisibles le llevarían a su propósito, ya no necesitaba nada más. Había aprendido la quinta virtud: la alegría de LA ABUNDANCIA.

Había perdido una jornada en buscar el agua y ya podía retomar de nuevo el recorrido sin esa presión. Llevaba unos dátiles, semillas de amaranto y flores de yuca secas para le camino. Todo era un nuevo aprendizaje para él en un lugar tan inhóspito y perdido. Continuó caminando con paso firme y decidido, como el sonido continuo de las sonajas en las noches de danzas alrededor del fuego. Su sexta virtud llegó sola y serena: LA ESPERANZA, nunca le faltó.

A medida que avanzaba debía subir de altitud más y más, era como ascender a una meseta llena de dunas y rompepiernas porque subía y bajaba y subía y andar sobre esa arena era costoso, se hundían los pies, debía hacer esfuerzo en cada pisada así como adaptarse a la altura y el aire cargado de partículas de polvo que le hacían toser. Se esforzaba en buscar senderos invisibles pues toda tierra tiene memoria y los caminos se vinculaban a las canciones de sus habitantes, como partituras musicales o mapas de notas por las pisadas de los antepasados y susurraban canciones que le orientaban. En el desierto, la partitura estaba en blanco y costaba sintonizarse con esas memorias que alguien depositó como energía impresa en sendas pero cada paso borraba sus pisadas.

Durante toda la jornada sintió una sombra que le seguía, oía su respiración y jadeos, era un coyote que le había rastreado. Si él paraba, el coyote también. Ki-pui conocía a los lobos pero no a los coyotes. Uno solitario no era buena señal ¿estaba herido?¿había sido expulsado por su manada? Tenía la sensación de que cojeaba y que estaba tanto o más cansado que él. Estaba anocheciendo y buscaba un lugar donde pasar la noche cuando el coyote como si lo adivinara se le adelantó y se paró. Se quedó tumbado sobre la arena en su misma dirección, imposible no coincidir. Como si hubiera elegido un buen lugar donde descansar y esperarle.

Se acercó al coyote, su respiración era muy rápida y se le veía exhausto. Desconocía su forma de reaccionar pues era un animal salvaje, astuto y misterioso. Supuso que como muchos animales cuando sienten que van a morir se alejan de su manada para no retrasarles. Sintió pena por él y a la vez una compañía por primera vez en el desierto. Se sentó junto a él, estaba indefenso, tocó su lomo y su pecho, el corazón le iba a mil por hora. Sintió la esfera de color que se generó entre los dos, vinculados ya por el camino recorrido, entendía sus señales, necesitaba descansar: - “Te veo y te honro”, dijo valorando su esfuerzo. Sacó su cantimplora y le ofreció un poco de su agua pero no la quiso. Ki-pui dibujó un círculo de protección alrededor de ellos dos, ése era el lugar escogido para pasar la noche y lo harían juntos. Quemó un poco de salvia y romero y lo ofreció al Gran Espíritu. Miraba al cielo y buscaba la Constelación de Pléyades para pedir consejo y guía en el camino. Es allí donde van las almas de animales y humanos cuando mueren. Y así se durmió, tumbado junto al coyote con su latido cada vez más suave. Había aprendido la sexta virtud: LA COMPASIÓN.

A la mañana siguiente sintió la piel recia del coyote sin vida, ya no le latía el corazón, su Alma había viajado junto al Gran Espíritu. Sintió mucha paz por él. Le cortó un poco de pelo y lo anudó en su bolsa medicina como amuleto, así llevaría su espíritu y poder con él, sus instintos y fuerza salvaje: la Tierra y el Fuego de este paisaje.

Ki-pui se sintió fortalecido, había dormido toda la noche, sus piernas descansadas y llenas de energía para el camino. El coyote había elegido un lugar especial para reconfortarse: un respiradero de la tierra o vórtice energético donde recuperar su energía vital como un efecto diapasón. Pensó que sus antepasados allí habrían construido un dolmen o menhir o templo sagrado.

La siguiente jornada avanzaba con más agilidad, como si su cuerpo se hubiera adaptado al medio. Echaba de menos la compañía del coyote que conocía ese territorio. Invocó su fuerza y cantó su canción, eso le inspiraba y potenciaba: “Coyote, mensajero de los espíritus, guíame a las praderas verdes de mi tierra, tú eres mis ojos, mis oidos, mi energía. Bendíceme con tu astucia y resistencia. Corramos juntos a esa meta lejana. Veloces como el viento...”

La carrera ya estaba finalizando, quedaban pocos kilómetros. Estaba contento, en su corazón sonaba el tambor y el coraje del guerrero. La experiencia de encontrar “La visión en la montaña” había sido dura pero llevaba su verdad. Este camino del Maestro le acercaba más a la confianza y el desapego.

Al llegar al final le esperaban el Consejo de Ancianos que le condujeron al Gran Espíritu. Allí le preguntaron: - ¿Qué has aprendido en tu viaje en búsqueda de la visión? Ki-pui estaba satisfecho de su viaje, cansado pero fortalecido:

- “He aprendido a tener confianza en mí, el compromiso con mi comunidad, a saber rendirme, la alegría de la abundancia, la esperanza y la compasión”.

¿Hay algo más que has aprendido? - Sí, dijo Ki-pui. EL MERECIMIENTO. Esta senda la he conquistado, la he transitado. He finalizado mi cuarta senda: ser Guía Maestro.

Así es, respondieron los Ancianos, lo has hecho con coraje, determinación y valentía. Todos le aplaudieron. Ki-pui pensó en lo orgullosa que estaría su tribu y que con la ayuda de los suyos sería un futuro Gran Maestro.  No es fácil guiar a otros, hay que tener claridad y cualidades trabajadas en soledad y con esfuerzo. Él había recorrido todos esos senderos con sabiduría. Ahora entendía aquello de: “Nadie puede llevarte a donde no ha ido…!” 

Nota de la autora. Los humanos no hemos perdido nuestra conexión con la tierra, lo llevamos en el ADN desde hace miles de años pero las tecnologías, la digitalización y radiaciones electromagnéticas las ha dormido: sentir las corrientes subterráneas de agua y las fallas en nuestro cuerpo y así poder buscar un buen lugar donde estar. Sólo debemos despertar en nosotros cómo conectar con lugares energéticos y armonizados: las cumbres de las montañas o en los claros de los bosques, cuevas o construcciones milenarias de nuestros antepasados como dólmenes y menhires que los señalan.




sábado, 4 de julio de 2026

Girizu Orreagatik

Powered by Wikiloc

 


Orreagako gudaren oroitarria

Orreagako guduaren oroitarriaren ondoan emango diogu hasiera ibilbide zirkular honi. 778ko abuztuaren 15ean, baskoiek frankoen errege zen Karlomagno garaitu zuten Orreagako lurretan. Garai haietan, ia penintsula osoa zegoen musulmanen eskuetan, baina iparraldeko buruzagi batzuek ez zuten onartzen Kordobako aginpidea, eta penintsulako iparraldea bereganatu nahi zuten. Suleiman ibnal-Arabi Zaragozako gobernadoreak, bere helburua betetzeko, Karlomagno errege frankoari laguntza eskatu zion, eta ordainez lurrak eman.

 

Orreaga

Orreaga

Karlomagnok musulmanen eskaintza onartu zuen, eta Orreagatik barrena Iruñetik igaro, eta Zaragozara iritsi zen, baina ez zioten sartzen utzi, hiria beste gobernadore baten esku baitzegoen. Erregeak bueltatzea erabaki zuen, eta, Iruñetik igarotzean, harresiak suntsitu, eta hirian sartu zen. Frankoen lurretara itzultzean, mugan zain zituen baskoiak; Eneko Aritza buru zutela, laurehun bat artzainek suntsiezina zirudien Frantziako Armada garaitu zuten.

 

Maldan gora

Pagadian zehar

Oroitarriaren ondotik Ibañetako mendatera zuzentzen den errepidean zehar igotzen hasiko gara, baina lehen bihurgunean, hau utzi eta ezkerretik ateratzen den porlanazko pistan barrena abiatuko gara. Berrehunen bat metro aurrerago, eskuinetik igotzen den lurrezko pista hartuko dugu. Malda bizian gora egingo dugu ezkerretik ateratzen den bidea hartu aurretik. Metro batzuk aurrerago, bide hori ere utziko dugu, eskuinera ateratzen den bidezidor bat hartuta, eta malda onean, alanbre-hesi bateraino eramango gaitu. Puntu honetan, eskuinean ikusiko dugun pagadiaren paraleloan zabaltzen den soilgunearen malda gogorrari ekingo diogu, antena baten ondora iristen den pistara iristeko. Bide-seinalerik ez duen ibilbidea denez, bidez ez nahasteko tracka izatea komeni da.


Azken maldari ekinez

Girizuko tontorretik gertu
 

Girizuko tontorretik gertu dagoen antenaraino marrazten den malda bizia da oso, eta, hortik aurrera, ia laua. Buzoiaren ondoan atseden txiki bat hartu ostean, eta, talaia paregabe honetatik dagoen ikuspegi zabalaz gozatu eta gero, gertu ikusiko dugun pagadi aldera jaisten hasiko gara bide jakinik gabe. Alanbrezko hesia igaro, eta pagadian zehar jaisten hasiko gara lurrezko pista batekin topo egin arte. Bertatik aurrera egin eta Ibañetatik datorren pista zabalera aterako gara, Gabarbideko lepotik gertu. Kilometro eta erdi pasatxo beharko dugu Ibañetako mendatean dagoen San Salbatore ermitaren ondora ailegatzeko. Metro batzuk gorago, Errolanen omenez jasotako monumentua ikusiko dugu.

 

Girizuko tontorrean

Ibañetatik Orreagara jaisteko Donejakue bidea jarraituko dugu. Ataka bat igaro, pagadian murgildu eta altuera galtzen hasi orduko, pista zabal batera aterako gara. Kilometro erdi eskas geratuko zaigu Orreagako ospitale eta gazteen aterpera iristeko.

 

Done Salbatore baseliza

Errolanen harria

Orreaga Pirinioetako igarobide naturala izan da antzinatik, eta erromesek han aurkitu dute beti laguntza eta atsedena hartzeko lekua. Gaur egun aurkituko ditugun eraikin nagusiak hiru espaziotan banaturik daude: lehenengo zatian, sarrerako zabalgunean, ostatua, Izpiritu Santuaren kapera, Done Jakueren kapera eta Batailaren monumentua daude. Ondoren, eraikin modernoagoak diren Priore etxea, Liburutegia eta Museoa; Itzandegia aparte geratzen da. Bigarren zatian, Kolegiata (Andre Mariaren eliza, klaustroa, kanpandorrea eta San Agustin kapera) eta Benefiziodunen etxebizitzak. Hirugarren zatian, berriz, ospitalea eta gazteen aterpea. Eraikin multzo hori ostatu txiki batekin eta garai batean errota izandako informazio bulegoarekin osatzen da. Auritz aldera errepidetik jaitsiz, Erromesen gurutzea dago.


Donejakue bidea

Orreagarantz


 


miércoles, 1 de julio de 2026

Erea y cueva Lacayos

 


      Esta semana os propongo ascender al Erea visitando la cueva Lacayos y, de paso, un par de loberas por la zona, una excursión de unos 8 km. ida y vuelta y 500 metros de desnivel.

     Desde la explanada del depósito de agua de Berberana, Burgos, (coordenadas: 42.918132, -3.056791) cruzamos el vallado por la puerta rotatoria peatonal y continuamos por un camino que sube paralelo al muro. El primer tramo discurre por suelo de roca, por lo que es difícil de seguir; a partir del punto 42.919053, -3.048167, en cambio, la huella en el suelo es bastante evidente.

     Cerca de la cresta (coordenadas 42.920756, -3.014460) giramos a la izquierda siguiendo un viejo muro que es parte de una lobera (la Lobera Vieja, coordenadas 42.92246, -3.01463) hasta encontrar el foso, bastante deteriorado, y los restos del 2º muro. Este tipo de loberas consistía en dos muros paralelos con un foso en el vértice; las gentes de la zona espantaban a los lobos hasta hacerlos caer al foso.

     Regresamos al punto anterior y continuamos en dirección sur, donde nos encontraremos con otra lobera, la de Fontanillas (coordenadas 42.91869, -3.01538). Ahora, para subir al Erea (1110m.), basta con seguir la cresta (dirección sur). Llegaremos así al poste geodésico (coordenadas 42.913998, -3.016904), aunque para llegar al punto más alto debemos continuar otros 200 metros (coordenadas 42.911982, -3.017238), donde veremos unas bonitas formaciones fruto de la erosión del viento.

     Para visitar la cueva Lacayos, regresamos al poste geodésico y bajamos por el este hasta un paso peatonal (coordenadas 42.914665, -3.016319) por el que cruzamos la alambrada y entramos en Álava. Bajando un poco más encontramos, en el punto 42.913007, -3.012647, la entrada a la cueva.

     Disfrutad de la excursión y, como siempre, no olvidéis respetar las formaciones y a los habitantes de la oscuridad. ¡Hasta dentro de dos semanas!

NOTAS:

     Las coordenadas son WGS84 (EPSG:4326), el sistema en que se basa el GPS y el que usan muchas aplicaciones.

     Podéis ver el resto de las fotos y/o vídeos de esta ruta en https://pateandoalava.blogspot.com/2026/06/erea-y-cueva-lacayos.html, junto a más de un centenar de excursiones más.


martes, 30 de junio de 2026

SANTA MARINA, OJO DE IRUAITZETA, BAIZA, SAN ADRIAN desde BAKAIKU. 21-6-26

 


Nos desplazamos Josetxo y yo hasta la localidad de Bakaiku, en pleno valle de Sakana, para realizar una atractiva ruta circular por el borde septentrional de la Sierra de Urbasa. Un recorrido muy variado que combina frondosos hayedos, singulares formaciones kársticas, antiguos puertos de montaña y varias cumbres con excelentes panorámicas sobre la Sakana y las sierras circundantes.

Madrugamos para intentar evitar los intensos calores de estos días de ola de calor y, a las seis de la mañana, comenzamos la marcha en Bakaiku, ascendiendo por el camino señalizado como GR-323.9, que va remontando el bosque hasta alcanzar el Puerto de Iturmendi. Desde el puerto ya vemos nuestro primer objetivo y nos desviamos para visitar la ermita-refugio y la cima de Santa Marina, magnífico balcón natural sobre el corredor de la Sakana.

Regresamos al Puerto de Iturmendi y retomamos la línea de la sierra para continuar hacia el Puerto de Bakaiku, puerta de acceso a uno de los rincones más espectaculares de la jornada: el Ojo de Iruaitzeta, impresionante arco natural excavado en la roca caliza.

Tras la visita al arco ascendemos a la cercana cima de Iruaitzeta y continuamos por el cordal pasando por las cumbres de Baiza e Iruelorrieta, disfrutando en todo momento de amplias vistas sobre Urbasa, Andía, Aralar y el Pirineo occidental en los días despejados. Más adelante alcanzamos el dolmen de Portu Gaina, vestigio prehistórico que nos recuerda la larga ocupación humana de estas montañas.

La ruta prosigue hasta el Puerto de Etxarri, ........




El repor completo en:





sábado, 27 de junio de 2026

Cotomañinos y la Fuente del Cobre

Parece el título de una novela de aventuras, pero no lo es… o quizás sí. Al fin y al cabo, cualquier incursión en un territorio que no conocemos no deja de tener un punto de descubrimiento.

Nos encontramos en Santa María de Redondo, pequeña localidad situada en la Montaña Palentina. Nos disponemos a subir hacia Cotomañinos, en la sierra de Híjar, que divide Alto Campoo (Cantabria) y La Pernía (Palencia). Hemos estado anteriormente por la zona, pero el recorrido de hoy nos es completamente novedoso.


Estamos a finales de septiembre y, según las previsiones, tenemos por delante una soleada y fresca jornada de monte. 


Los primeros kilómetros de la ruta de hoy coinciden con uno de los recorridos senderistas más conocidos de la provincia de Palencia: la Senda de Fuente Cobre (PR-P 8). En el aparcamiento de inicio de la ruta lanzamos una mirada a las Peñas del Moro y Peña Bermeja que nos traen a la memoria una preciosa ruta que hicimos hace unos años. 



Echamos a andar por una pista ancha entre robles, hayas, abedules y fresnos, que, posteriormente, se convierte en un camino por un bosque variado en el que van apareciendo acebos, serbales y algunos claros donde medran las escobas.





En pocos minutos llegamos a la Cueva del Cobre, también llamada Fuente Cobre, topónimo incluido en la primera denominación del espacio natural protegido (aprobado en 2000): el Parque Natural de Fuentes Carrionas y Fuente Cobre-Montaña Palentina, simplificado posteriormente a Parque Natural Montaña Palentina.



La enorme cavidad, tallada sobre roca caliza, es oficialmente el nacimiento del río Pisuerga, aunque es conocido que sus aguas realmente vienen de la confluencia, más arriba, de varios arroyos en las laderas del Pico Valdecebollas (2139 m) que posteriormente se introducen bajo tierra en el sumidero del Sel de la Fuente y vuelven a salir en la Cueva del Cobre.


Nos asomamos curiosos al interior de la cavidad y, enseguida, comenzamos a subir por la ladera, siguiendo unos hitos hasta alcanzar un alto en el que echamos una mirada a nuestro alrededor para contemplar buena parte de ese bello paisaje que compone La Pernía y, en segundo plano, otros macizos de ese entorno palentino que, con el paso de los años y las numerosas visitas que le hemos hecho, consideramos parte de nuestro paisaje sentimental montañero. Como telón de fondo, los majestuosos Picos de Europa.





Tras 250 m de intenso desnivel, dedicamos unos minutos a descansar y tomar unos tragos de agua. A partir de este momento caminaremos en un continuo sube-y-baja por el cómodo cordal de extraordinarias vistas que constituye la sierra de Híjar, ascendiendo a varias cimas y bordeando otras. A ratos disfrutaremos de bellos afloramientos de conglomerados.





Cueto Mañín (2122 m)





Cotomañinos (2144 m)




Monte de Híjar (2092 m)


En un collado previo a Cuchillón (2174 m), otro de los montes clásicos de Híjar, abandonamos el cordal y descendemos campo a través, en busca de una senda trazada por ganado a media ladera. Caminamos unos metros por ella y volvemos a bajar a la brava, con la seguridad de que llegaremos a buen puerto, ya que tenemos las buenas referencias de, probablemente, la mejor guía de recorridos de la Montaña Palentina. En este caso, además, contamos con la referencia visual de un chozo por el que tenemos que pasar.




Siempre en descenso, continuamos por el fondo de una vaguada, evitando los tramos con más densidad de escobas. Así alcanzamos un pastizal con ganado, que bordeamos con todos los sentidos alerta por si hubiera mastines. No en vano, allí cerca, en el puerto de Piedrasluengas, unas pocas semanas antes, dos agresivos mastines nos habían dado un susto de los de no olvidar.


Despejado el camino, llegamos a la última atracción de la excursión: el Ribero Pintado. Estamos ante un talud de origen natural en el que se alternan estratos de areniscas (rojizas y amarillentas) y lutitas (más oscuras, casi negras). Se trata de dos tipos de rocas, por cierto, que estamos muy acostumbrados a ver en Euskal Herria.



La combinación de colores y tonos, junto con las líneas marcadas por plegamientos y la posterior erosión, dan lugar a un mural natural tremendamente fotogénico.


La verdad es que teníamos ganas de conocer este rincón. Una vez saciada la curiosidad, tomamos una ancha y cómoda pista de tierra que, en menos de tres kilómetros y medio, nos devolverá a Santa María.




Datos técnicos: 20 km, 1000 m de desnivel, 6 h 30 min.


Referencia: Villegas D. y Rioja V. Ascensiones en la Montaña Palentina. La Pedrera Pindia. 2016.


Recorrido: https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/fuente-cobre-cueto-manin-2122-m-cotomaninos-2144-m-monte-de-hijar-2092-m-circular-desde-santa-maria-233572048