El montañismo vasco es, por evidentes razones de proximidad, más orogénico que volcánico. No es lo mismo recorrer unos kilómetros en vehículo para andar por Gorbeia, subir a Mampodre o Anayet, que tomar un vuelo a una isla atlántica o a otro continente. Ello no impide que de vez en cuando busquemos suelos y paisajes diferentes… incluso escalas temporales diferentes. Bien lo pueden contar los palmeros, que, en 2021, con motivo de la última erupción en la isla, vieron cómo, en menos de tres meses, se elevó una montaña volcánica de 200 m en la meseta de Cabeza de Vaca.
La geografía de La Palma es bien conocida. La parte norte de la isla es la parte vieja, inactiva volcánicamente hablando, que incluye la Caldera de Taburiente y numerosos barrancos en la vertiente NE. La parte nueva (activa) se corresponde con la geografía sureña de la isla, la que tiene forma de punta de flecha, con su eje principal: la dorsal de Cumbre Vieja.
El vulcanismo, la orografía y el clima han modelado allí un extraordinario entorno natural. Desde 2002 la totalidad de la isla es Reserva Mundial de la Biosfera. Además, La Palma cuenta con el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente, dos Parques Naturales y varias Reservas Naturales y Monumentos Naturales. El pequeño territorio isleño incluye además 32 Zonas de Especial Conservación (ZEC) y 6 Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA) en la red Natura 2000.
De entre las excursiones realizadas a lo largo de la semana larga que pasamos en la isla en temporada de invierno, vamos a escribir brevemente sobre cinco de ellas, las más directamente relacionadas con el paisaje volcánico Se trata de excursiones sencillas, pero con un enorme interés paisajístico y naturalístico.
Tajuya
Comenzamos con una disfrutona mañanera (9 km, 600 m) por un terreno volcánico no tan conocido en la ladera occidental del cordal de Cumbre Vieja. Tajuya es una de las primeras erupciones (siglo XVI) de las que se tienen registros en la isla de La Palma.
Partimos de las afueras de la población de Jedey, primero por sendero, después por lazadas en una pista, hasta una ladera cubierta de ceniza por la que ganamos altura hasta un punto de salto con parapente.
Así llegamos al pequeño alto conocido como Montaña de Marcos, un promontorio con estéticos pinos canarios y vistas a los Campanarios, unas agujas de basalto originadas en una fisura eruptiva que cobijan una escuela de escalada. Las sempiternas nubes de la vertiente NE de la isla crean una luz cambiante que resaltan la orografía que estamos contemplando y fotografiando.
Volvemos un poco sobre nuestros pasos y encaramos la subida final, una buena pendiente sobre ceniza, hasta alcanzar el pie del cráter del volcán Tajuya. Allí picoteamos algo acompañados por un cuervo canario que después nos seguirá un rato hasta ser consciente de que no hay más migas para repartir. Los próximos minutos caminaremos bajo una bellísima luz que acentuará el contraste entre los verdes pinos canarios y la ceniza oscura.
Pisando, a ratos sobre malpaís (campos de tortuosa lava solidificada), a ratos sobre lapilli (ceniza), llegamos al estrecho barranco de Las Palmas, un tajo de roca aparentemente inexpugnable que superamos ascendiendo unos metros. Unos metros por pinar y unos pocos kilómetros de descenso por pista sobre ceniza y finalmente por carreterilla nos devuelven al coche.
Pico Bejenado y Roque de los Cuervos
El “Bejenao” es la prominente montaña que delimita el valle de Aridane (al sur) y la Caldera de Taburiente (al norte). Es, asimismo, un monte cubierto de pinos…, pero no de los que estamos acostumbrados a ver en Bizkaia y Gipuzkoa. Estamos hablando del autóctono pino canario (Pinus canariensis), resistente al fuego y con un rico sotobosque.
Proponemos un recorrido circular por la vertiente sur (15 km, 900 m), desde el comienzo de la pista de Valencia en los barrios altos de El Paso, evitando las aglomeraciones del mirador de La Cumbrecita. Comenzamos caminando por anchas pistas, junto a ocasionales tubos volcánicos, que después se convierten en preciosos senderos entre retorcidos pinos. Hace tres días caminábamos por el frondoso bosque de laurisilva de Barlovento (en el norte de la isla); hoy, por un bellísimo pinar. Todo ello concentrado en una relativamente pequeña isla que hace honor a su apelativo: la Isla Bonita. Y todavía no hemos llegado a la cumbre…
En el camino de ascenso nos desviamos unos pocos centenares de metros para visitar el pequeño yacimiento de petroglifos (grabados rupestres de los benahoaritas) del Lomo Estrecho. Tras 500 m de desnivel nos situamos en el paso de El Rodeo, pequeño collado en los riscos que caen hacia la Caldera de Taburiente, desde donde la niebla salta a la ladera sur y enseguida es disuelta por el calor.
Un gustoso sendero, con maravillosas vistas hacia el barranco de acceso a la caldera, nos lleva en menos de dos kilómetros a la cima del Pico Bejenado (1853 m), desde la que retornaremos unos metros hasta encontrar un rincón a la sombra en la que tomar el picoteo del día. En el descenso hacia el Roque de los Cuervos nos cruzamos (“¡hola!” con acento extranjero) con grupos que suben desde La Cumbrecita y con jirones de niebla que salvan la muralla de riscos por sus puntos más bajos.
En el roque (1609 m), una cima menor con unas impactantes vistas hacia la Punta de los Roques y el cordal de Pico de la Nieve y Pico de la Cruz, en los que estuvimos hace un par de días, tiramos unas cuantas fotos al mar de nubes de bolsillo que trata de escapar de la caldera.
Un poco más de dos kilómetros de sendas y caminos, siempre por unos pinares que estamos empezando a amar, nos depositan en la pista Ferrer y, después, en la pista de Valencia y en el coche.
Ruta de los Volcanes
Para hacer la clásica travesía por la dorsal de Cumbre Vieja (18 km, + 650 m, - 1350 m) utilizamos la logística habitual: en nuestro caso, dejamos el vehículo de alquiler en Fuencaliente y tomamos un taxi hasta el refugio del Pilar. El taxista nos pone al día sobre la economía, la vivienda y el turismo en La Palma, visitada sobre todo por alemanes en invierno, de los que cada vez más se quedan allí como residentes. De hecho, a punto de terminar la travesía, poco antes de retornar a Fuencaliente, una chavala del pueblo nos interpelará con un excuse me y tendremos que demostrarle que hablamos un perfecto castellano peninsular.
Arrancamos con llovizna y humedad y, tras un par de kilómetros entre la niebla, tras bordear el Pico Birigoyo, salimos de la nube y enseguida se nos va la mirada a la cascada que forman las habituales nubes de la vertiente norte cayendo sobre la Caldera de Taburiente. El recorrido merece su fama. Es un auténtico disfrute paisajístico, desde el principio hasta el final.
Aprovechamos estas horas de visibilidad para admirar el entorno de la Montaña Pelada, el cráter del Hoyo Negro, y los volcanes Duraznero y Deseada, y ascender a este último (1944 m). En el descenso volvemos a meternos en la niebla, que no nos abandonará hasta llegar a la costa. Nos perderemos varias montañas y cráteres interesantes (Montaña Cabrera, volcán Martín, Montaña Pelada), pero, a cambio, disfrutaremos de unos ensoñadores paisajes en primer plano con los pinos verde claro sobre la negra ceniza entre la niebla.
En esta segunda parte veremos mucha menos gente, ya que bastantes personas hacen un recorrido ida y vuelta desde El Pilar. Cerca ya de la Montaña del Fuego, en un precioso pinar con muros de piedra seca, la niebla va perdiendo densidad conforme nos acercamos a la costa. Una vez en Fuencaliente, siguiendo las recomendaciones del taxista, nos tomaremos unos almendrados y una malvasía dulce en uno de los bares del pueblo.
Tajogaite
Tras varios días de enjambres sísmicos, el 19 de septiembre de 2021 en Cabeza de Vaca se abrieron dos fisuras por las que empezaron a manar varias coladas de lava. La erupción duró 85 días, alternando coladas y fases explosivas, afectando a miles de edificaciones, cientos de hectáreas de cultivos y varias vías de comunicación, y provocando la evacuación de miles de personas. Más allá de los daños materiales, un volcán marcó, una vez más, a varias generaciones de palmeros.
El nuevo volcán, mediante un proceso participativo, fue posteriormente denominado Tajogaite. En el momento de nuestra visita a la isla (diciembre de 2025) sólo era posible acercarse al nuevo volcán en excursión organizada y guiada por empresas de turismo activo autorizadas expresamente. Así que, junto a un pequeño grupo de visitantes peninsulares, acompañados por una guía, hacemos una corta circular (7,5 km, 300 m) desde la carretera que sube de El Paso al refugio del Pilar.
Comenzamos recorriendo el bellísimo Llano del Jable con sus pinos dispersos, dejando detrás de nosotros el volcán Tacande (montaña Quemada), que entró en erupción unos pocos años antes de su conquista por la Corona de Castilla en 1493.
El recorrido es amenizado por numerosas y variadas explicaciones sobre la propia erupción de 2021, el vulcanismo en general, el pino canario, la vegetación de la isla, etc. Caminamos entre pinos, moreras e higueras, y casas de aperos sepultadas por la ceniza, hasta alcanzar el borde mismo del cráter principal del volcán, en el que nos impresiona vivamente el pequeño paisaje de bocas y fumarolas, con las costras de azufre dando volumen a un fondo negro negrísimo.
Tras la foto de grupo, continuamos por el camino Cabeza de Vaca que discurre por una ladera cubierta íntegramente de lapilli, con la mirada puesta en el volcán Tacande, en cuyo pie está aparcado el vehículo en el que hemos llegado desde El Paso.
Caldera de Taburiente
Para el último día reservamos una de las joyas de la isla, el recorrido por el interior de la Caldera de Taburiente. La caldera impresiona desde todos los puntos de vista. Unos días atrás habíamos caminado por su borde, entre el Pico de la Nieve y el Pico de la Cruz, extasiados con el paisaje de barrancos, crestas y roques que sobresalían de una caldera que parecía en ebullición.
El recorrido clásico había estado cerrado en las jornadas anteriores, debido a desprendimientos causados por la borrasca Emilia que había asolado La Palma unos días antes de llegar. No podíamos abandonar la isla sin caminar por esa maravilla de la naturaleza.
En el aparcamiento del barranco de Las Angustias tomamos un taxi que nos sube al mirador de Los Brecitos. Tenemos por delante una excursión (17 km) en descenso (-1000 m) y apenas ascenso (+150 m).
Allí echamos a andar para faldear la sucesión de pequeños barrancos (Ciempiés, Las Cañeras, Las Traves, etc) cubiertos por un continuo pinar que nos ofrece ocasionales vistas a la línea de cumbres que cierran la caldera. Así llegamos a la playa de piedras de Taburiente y su icónica imagen de los peñascos cubiertos por la tenue nube que la caldera no deja de desecar.
En el cercano centro de visitantes estamos un rato viendo las exposiciones y charlando con su responsable, encantada de hablar en castellano…
El descenso por Somada del Palo hacia el barranco del Almendro es un continuo disfrute por las vistas hacia los intrincados barrancos que descienden del cordal que cierra la caldera por el este.
Un desvío rápido en el Almendro y visitamos la cascada de Colores. Pocos meses más tarde, la borrasca Therese azotará la isla y leeremos en la prensa digital palmera que el cartel indicativo de la cascada ha aparecido en la playa del Puerto de Tazacorte, más de diez kilómetros aguas abajo por el barranco de Las Angustias.
En la parte final alternaremos tramos practicables por el lecho del río y tramos sube-y-baja por laderas, siguiendo las recomendaciones de la encargada del centro de interpretación. Una vez en el coche, conscientes de que, tras una semana de disfrute palmero, mañana toca volar de vuelta a Bilbao, enumeramos los recorridos que han quedado pendientes para una próxima visita…
Referencias
Martínez J.M. La Palma. Guía de senderos y naturaleza. Ediciones Remotas. 2022.
Wolfsperger K. y A. La Palma. Las mejores rutas por la costa y la montaña. Rother Bergverlag. 2020.
No hay comentarios:
Publicar un comentario