No todos los días se tiene la oportunidad de conocer las dos caras del Moncayo en un único recorrido. Esa ocasión se materializó en forma de travesía en la salida organizada hace unas semanas por nuestro club de montaña.
Moncayo necesita pocas presentaciones. El conocido y visible montañón que destaca entre la Meseta castellana (Soria) y la Depresión del Ebro (Zaragoza) es el techo del Sistema Ibérico y la novena montaña más prominente de la Península Ibérica.
La parte más elevada del macizo es un Lugar de Interés Geológico y todas sus laderas son espacios naturales protegidos. Podemos contabilizar un total de tres áreas pertenecientes a la Red Natura 2000, un Parque Natural en la vertiente aragonesa y otro en tramitación en el lado soriano.
Estamos a comienzos de julio, en plena ola de calor en Euskal Herria. Hoy hemos dormido en San Martín de la Virgen del Moncayo, con menos calor que por tierras vascas y menos humedad, y se nota, vaya que se nota. Arriba, en el cordal de Moncayo, esperamos pasar incluso algo de fresco por el aire del sureste que está anunciado.
El autobús nos ha dejado en el aparcamiento de la Fuente de los Frailes. Comenzamos a subir con el frescor mañanero por un pequeño barranco cubierto por un hayedo relicto, alternando el sombrío bosque con tramos de pista hasta llegar al Santuario del Moncayo.
Tomamos unos tragos de agua en la fuente y ascendemos por un camino pedregoso, con vistas a las Peñas del Cucharón, que se van quedando abajo protegiendo el santuario.
Así alcanzamos el pie de la hoya de San Miguel, el más conocido de los tres circos de origen glaciar situados en la vertiente NE de Moncayo. La brisa anunciada ha hecho acto de presencia y mantiene la temperatura en unos valores muy agradables.
El camino asciende por la estrecha loma que separa el circo de San Miguel y el de San Gaudioso. El primero constituye, seguramente, el paisaje más icónico de Moncayo; el segundo, a nuestra izquierda, apenas será visible a lo largo de la subida. Algún pino negro, sabinas rastreras y retamas dan la única nota de verdor entre pizarras, areniscas y cuarcitas.
En la subida nos cruzamos con numerosos grupos de montañeros y corredores que descienden ya, nos imaginamos que tras un buen madrugón.
Al día siguiente, en otra excursión en Talamantes, un paisano nos preguntará si el camino está muy erosionado por el paso de las personas. La verdad es que, salvo varios puntos con piedra suelta, el bien trazado sendero permite ganar cota fácilmente y, casi sin darnos cuenta, alcanzamos el cordal a la altura del promontorio de San Juan (2283 m), en el que destaca sobre el pasto un estético cairn y, al fondo, la cima de Moncayo.
Antes de llegar a la amplia cumbre, descendemos apenas unos metros al collado del Alto de las Piedras, donde pasamos junto a la señal que marca la desviación a Cueva de Ágreda, hacia donde bajaremos dentro de un rato.
En la cúspide (2314 m) hay bastante movimiento de gente. Mientras unos descansan, otros se hacen fotos en el vértice geodésico o junto a la imagen de la Virgen del Pilar. Nosotros aprovechamos para reagruparnos, sacarnos la foto de recuerdo y picotear algo. Un colirrojo tizón despistado aparece de no se sabe dónde y, con tanto barullo, escapa volando.
Las vistas desde una montaña tan prominente son, evidentemente, muy amplias y… un tanto monótonas. Confirmamos una de las máximas del concepto de paisaje: la vista de conjunto de una montaña suele ser más bella que las vistas desde su cima. Al final, casi todo se reduce al punto de vista…
Tras unos minutos de reposo, iniciamos la segunda parte del recorrido de hoy, una novedad para la mayoría del grupo: el descenso por la “cara oculta del Moncayo”, la vertiente soriana. Para ello, retrocedemos unos metros hasta el collado del Alto de las Piedras y giramos a la derecha para comenzar el descenso por el barranco del Colladillo.
El pasto pronto deja su lugar a la retama, pero no hay pérdida posible. Un sendero con piedra suelta desciende sin trazar apenas curvas por el fondo de la vaguada. Teníamos miedo de que la orografía nos pudiera hurtar la brisa del SE, pero ésta nos acompañará todavía en buena parte del barranco.
Confirmamos que esta vertiente está mucho menos frecuentada que la norte. De hecho, en toda la bajada sólo coincidiremos con una cuadrilla de jóvenes.
Terminada la parte menos cómoda del descenso, alcanzamos un manantial. A partir de ahora caminaremos tranquilamente por la fresca ribera del arroyo Transmoncayo. Estamos a mediados de julio, en vertiente sur, tras bastantes días sin llover, pero el torrente baja con ganas. En un recodo nos parece ver un conducto de drenaje, pero enseguida comprobamos que se trata de una turbina de uno de los numerosos aviones que a lo largo de décadas se han estrellado en el Moncayo.
Atemperada la brisa, el calor se va imponiendo poco a poco. Así llegamos a un camino ancho que cruza el arroyo y, entre robles melojos, nos conduce a la carretera de acceso a Cueva de Ágreda.
Allí tenemos tiempo para tomar unos refrescos en la cantina, cambiarnos de ropa en el autobús y hacer una visita guiada al Centro de Interpretación, donde nos explicarán muchas cosas interesantes sobre la geografía física y humana del Moncayo y las comunidades de murciélagos que habitan la cueva de Ágreda.
Excursión organizada por el Bilbao Alpino Club en julio de 2026.
Datos técnicos: 12,5 km, 950 m de desnivel, 5 h.
Recorrido:
https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/moncayo-en-travesia-norte-sur-11-07-2026-274120972
No hay comentarios:
Publicar un comentario